Los animales domésticos son pequeños, rápidos y no obedecen instrucciones, lo que dificulta fotografiarlos; sin embargo, con la técnica adecuada los resultados pueden mejorar notablemente. El paso más importante es bajar la cámara al nivel de los ojos del animal y disparar desde la altura de la cabeza, no desde arriba. Esto hace que la foto parezca más planificada y facilita el control del fondo.

En la mayoría de los casos la mejor cámara es la que tienes a mano — es decir, tu teléfono; con una luz softbox de 40 dólares se puede eliminar en gran medida el aspecto amarillento y plano de las tomas en interiores, sin necesidad de equipo costoso. En animales en movimiento, el ajuste más crítico es la velocidad de obturación; el modo deporte en Android y el modo de disparo continuo en iPhone reducen el motion blur. Una velocidad de obturación más corta reduce la entrada de luz, por lo que en ambientes oscuros la calidad de la imagen disminuye y el ruido aumenta.

El diafragma, cuando se mantiene entre f/4–f/5.6, permite que la nariz y las orejas del animal estén enfocadas simultáneamente; el modo retrato en los teléfonos crea un efecto bokeh similar. El lente telefoto permite capturar retratos a distancia sin molestar al animal. Se puede atraer la atención con premios y juguetes para lograr contacto visual; sin embargo, el mejor enfoque es esperar pacientemente, como si observaras a un animal salvaje, y aceptar que se tomarán muchas fotos malas.