Los contratos a largo plazo para centros de datos destinados a la infraestructura de inteligencia artificial no se registran en los estados financieros hasta que los servicios comienzan. Por lo tanto, estos compromisos, que generan obligaciones de pago futuras pero no aparecen en los balances, se clasifican como deudas ocultas. En empresas como Meta y Oracle, estas cantidades son múltiples veces superiores a las deudas registradas en sus balances.
Estos compromisos se hicieron para garantizar la capacidad de cómputo futura, pero si la demanda no alcanza los niveles esperados, las empresas podrían verse obligadas a pagar por capacidad que no utilizan. Además, la necesidad de financiar estas inversiones, que aún no generan ingresos suficientes, ha llevado a las empresas a recurrir a endeudamiento y emisión de acciones.
Expertos señalan que esta práctica es similar a los métodos utilizados en el escándalo de Enron, aunque en este caso no se trata de intención fraudulenta, sino de aprovechar los límites de las normas contables. La falta de demostración comprobada de la viabilidad de la tecnología de inteligencia artificial y el rápido aumento de los costos podrían poner en riesgo la estabilidad financiera futura de estas empresas.
