Cuando el rover Perseverance fue enviado a Marte, NASA llevó consigo muestras de tejido para probar cómo podría interactuar el polvo marciano con los tejidos humanos. Los análisis mostraron que las partículas de polvo marciano son significativamente más redondeadas que el polvo de Ceres, lo que indica que se forman en el aire.
Sin embargo, estas partículas son extremadamente pequeñas y contienen sustancias tóxicas como azoto y percloratos, que pueden ingresar por vía respiratoria, atravesar la barrera hemofal y llegar al cerebro. Los estudios también revelaron que el polvo está cargado electrostáticamente y se adhiere a diferentes tipos de materiales en tamaños variables.
Esta situación plantea riesgos de salud potenciales para las futuras misiones a Marte y subraya la necesidad de mantener los espacios de descanso limpios. Los científicos están considerando soluciones como la limpieza con gases de nitrógeno o el diseño de equipos automatizados para la limpieza.
