El humo originado por los incendios forestales en Canadá llega a muchas regiones de Estados Unidos, causando no solo visibilidad reducida, sino también efectos profundos en la salud humana. Partículas finas como el PM2.5, tras ingresar a los pulmones, pueden entrar en la circulación sanguínea y aumentar el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y enfermedades autoinmunes. Yang Liu, de la Universidad Emory, enfatiza que este humo afecta cada parte del cuerpo y acelera enfermedades mediante el estrés oxidativo.

La composición del humo no se limita a productos de la quema vegetal. Los incendios urbanos liberan sustancias tóxicas como plásticos, metales pesados y arsénico al aire. Por ello, incluso el humo que proviene de lejos puede contener químicos tóxicos. Según datos hasta 2020, más de 24.100 muertes anuales en Estados Unidos están asociadas con la exposición prolongada al humo; esta cifra podría aumentar hasta 1,9 millones de muertes adicionales entre 2026 y 2055.

La exposición durante el embarazo incrementa el riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer. Los niños, los pacientes con asma y las personas con cáncer son los grupos más vulnerables. Los científicos advierten que no existe un umbral seguro de exposición, y que incluso la exposición repetida a niveles "moderados" de humo puede tener efectos adversos en la salud. Mantener la calidad del aire en el hogar, usar mascarillas de alta calidad y evitar la infiltración de aire exterior son formas fundamentales de reducir los impactos.