En la localidad de Panzano, provincia de Huesca, el agricultor de 73 años Francisco Bescós cedió las semillas de dos variedades de calabaza que su familia ha conservado durante dos siglos —la amarilla de Panzano y la Rabike— al experto en gastronomía aragonesa Ismael Ferrer.

Al verse obligado a abandonar la agricultura por su edad y estado de salud, Bescós entregó plantones ya germinados junto con sus cepellones para garantizar que este patrimonio genético no se perdiera.

Ferrer dirige la sección de gastronomía del CIGA y es un investigador que ha cartografiado más de cien variedades locales de legumbres y hortalizas en 33 municipios de Aragón.