FBI, derribó una infraestructura técnica que apoyaba las actividades de espionaje cibernético vinculadas a China. Dicha infraestructura formaba parte de un servicio llamado "quartermaster" y tenía como objetivo a instituciones críticas en EE. UU.

El servicio constaba de cuatro componentes: escaneo de objetivos, una red de paso cifrada, dispositivos preconfigurados y una herramienta de encaminamiento. QScan perfilaba objetivos de alto valor y ocultaba el tráfico a través de la red de paso cifrada denominada Fast Labyrinth. La red se construía con nodos premium obtenidos de proveedores comerciales de proxy como fastlink.ws y rotaba el tráfico de forma continua para dificultar su detección. El FBI interrumpió la operación al redirigir el tráfico a puntos de infraestructura conocidos mediante null‑routing.

Los investigadores advierten que el bloqueo estático por sí solo no es suficiente, ya que el tráfico se desplaza dinámicamente a través de servicios proxy cambiantes. Recomiendan a los equipos de defensa mantener los dispositivos actualizados y seguir las directrices de CISA‑NCSC. Sin embargo, si los atacantes obtienen credenciales válidas, el nivel de protección puede disminuir rápidamente.