Amy, una persona que vive con cáncer intestinal y el síndrome de Lynch, busca llegar a miles de personas compartiendo sus experiencias en redes sociales. Sin embargo, contenidos lúdicos como fotos de bikini obtienen más visibilidad que publicaciones con información médica seria. Esta situación se debe a la estructura de los algoritmos, que se centran en la interacción.

Muchas personas como Amy utilizan las reglas de la plataforma para difundir información: comienzan con imágenes atractivas y luego dirigen a los seguidores hacia contenidos más profundos. Esta estrategia permite que los espectadores aprendan sobre enfermedades raras, pero al mismo tiempo reduce la representación de la salud. El contenido que se vuelve visible suele enfatizar aspectos estéticos o que generan respuestas emocionales.

Para verificar la veracidad de la información en redes sociales, es fundamental contrastarla con fuentes de organizaciones de salud y expertos. Las plataformas, mediante sus algoritmos, también pueden conducir a usuarios a contenido inesperado y emocionalmente desafiante. Los usuarios pueden aprovechar herramientas como la bloqueación de palabras y la desactivación de notificaciones para gestionar mejor sus feeds.