Un empleado de 20 años que trabaja en marketing y relaciones públicas en una empresa de entretenimiento de Japón explicó que, al utilizar herramientas de IA aprobadas por la compañía, redujo su carga de trabajo en unas 10 horas al mes, pero no se lo comunicó a sus superiores. El trabajador señaló que el incremento de productividad solo conllevaría la asignación de más tareas o la exigencia de compartir sus métodos, sin que ello supusiera un aumento de sueldo ni una promoción, por lo que decidió dedicar el tiempo liberado a actividades fuera del trabajo.