Las 382 kilogramos de rocas traídas de la Luna durante el programa Apollo confirmaron y refutaron predicciones científicas anteriores a 1969. Se demostró que las depresiones en la superficie lunar fueron causadas por impactos, no por actividad volcánica; que en su interior hubo un océano de magma; y que su edad es de aproximadamente 4,5 mil millones de años. Estos hallazgos respaldaron la Hipótesis del Gran Impacto, que propone que la Luna se formó tras una colisión entre la Tierra y un cuerpo celeste.

La superficie lunar actúa como un archivo preservado, libre de actividad geológica y erosión, a diferencia de la Tierra. Las huellas de impactos en la Luna ayudaron a comprender los efectos de asteroides que golpearon la Tierra hace 4 mil millones de años. Estos impactos podrían haber creado condiciones adecuadas para el origen de la vida.

Hoy, aún se obtienen nuevos datos de las muestras de Apollo mediante técnicas de análisis avanzadas. Futuras misiones Artemis aumentarán el valor de esta colección al traer muestras de regiones distintas de la Luna. El mayor legado de Apollo no son las banderas ni las huellas, sino la permanencia científica de estas pequeñas rocas.