Los físicos observaron por primera vez el efecto Magnus óptico en un solo ión de calcio-40. Utilizando un haz láser enfocado estrechamente con una longitud de onda de 729 nanómetros, el punto de interacción más fuerte entre el ión y el láser se desplazó del centro del haz hacia un lado. Esta observación se interpreta como el resultado de cambios en el campo electromagnético generados por la intensa focalización del láser.
Las mediciones mostraron desplazamientos laterales de aproximadamente 240 ± 16 nanómetros y 463 ± 20 nanómetros para dos transiciones cuánticas diferentes; estos valores concuerdan bien con las predicciones teóricas (232 nm y 464 nm). El responsable es el gradiente de polarización y el campo eléctrico longitudinal generados por la estrecha focalización del láser, lo que aleja el punto de máxima interacción ión‑láser del centro del haz.
Este resultado es importante para comprender y corregir las fuentes de error que pueden surgir en los campos láser utilizados para manipular los qubits de ión atrapado. Sin embargo, para convertirlo en una herramienta de control cuántico eficaz, es necesario gestionar las imperfecciones ópticas restantes, ya que la acumulación de errores puede volverse crítica en procesadores más grandes.
