El análisis publicado en PLOS ONE por Julia Gresky y su equipo del Instituto Arqueológico Alemán revela que las primeras tumbas intactas documentadas en Göbekli Tepe, en 2017 y 2022, se hallaban bajo los suelos de casas orientadas hacia los templos. Los investigadores proponen que esos entierros no formaban parte de un rito deliberado, sino que deslizamientos periódicos arrastraron las viviendas de la ladera y los cadáveres que contenían hasta la zona ceremonial central, creando los montones de huesos dispersos observados.