Oura, fabricante de anillos inteligentes, enfrenta una demanda colectiva que la acusa de engañar a los consumidores al afirmar que su anillo mide con precisión las etapas del sueño. La demanda sostiene que el anillo no puede medir directamente las ondas cerebrales y, por lo tanto, no puede rastrear de forma definitiva los ciclos del sueño.

La empresa procesa datos como movimiento, pulso y temperatura corporal mediante modelos de IA para estimar las etapas del sueño. Estudios independientes han demostrado que estos dispositivos identifican bien los momentos de quedarse dormido y de despertarse, pero pueden presentar grandes variaciones en la precisión al predecir fases como REM, sueño profundo y sueño ligero; la demanda alega que esta precisión es comparable a lanzar una moneda.

Oura ha señalado estas limitaciones mediante estudios de validación publicados en revistas científicas y advertencias dentro de la aplicación. La demanda llama la atención sobre la necesidad de clarificar las afirmaciones de marketing de las tecnologías portátiles y de que los usuarios comprendan correctamente los propósitos de las mediciones.