Los científicos determinaron que los pelos finos ubicados detrás de las orejas y en las patas traseras de los ratones están conectados a terminaciones nerviosas especializadas que desencadenan la sensación de picazón con un ligero toque. Estos pelos se encuentran en las áreas más expuestas de la piel y no solo regulan la temperatura, sino que también proporcionan sensibilidad a estímulos mecánicos.

En humanos también existen pelos similares (pelos vellus), ampliamente distribuidos en la cara, los brazos y el tronco. Los investigadores observaron que el movimiento de estos pelos provoca picazón particularmente intensa en la región de la mandíbula. Esto sugiere que los pelos podrían desempeñar una función de órgano sensorial no solo para la termorregulación, sino también para la percepción de la picazón basada en el tacto.

En ratones con inflamación crónica de la piel, se observó que estos nervios estaban hiperactivos. Sin embargo, cuando desactivaron estos nervios, los ratones ya no percibían la inflamación como picazón. Este hallazgo indica que en humanos, condiciones crónicas de picazón como eccema, picaduras de insectos o urticaria por plantas tóxicas podrían tratarse dirigirse a esta misma vía.