Los sitios arqueológicos de Siria sufrieron daños severos entre 2015 y 2025, según análisis satelitales, que revelaron no solo saqueos tradicionales, sino también excavaciones sistemáticas realizadas con tractores y excavadoras. En regiones bajo control de fuerzas militares respaldadas por Turquía, las superficies de los túmulos antiguos fueron excavadas, destruyendo capas arqueológicas. Este método, generalmente motivado por la búsqueda de oro pero con escasos resultados, representa una forma a gran escala de destrucción del patrimonio.

En lugares históricos como Ain Dara, los daños observados en 2014 fueron reemplazados después de 2016 por excavaciones a gran escala tras la instalación de campamentos militares. Hasta 2022, toda la superficie fue nivelada mediante excavaciones, excepto un complejo de templos que data de los siglos VIII a XII. Estas actividades implican no solo el robo de artefactos, sino también la eliminación completa del contexto arqueológico.

Los investigadores enfatizan la necesidad de un estudio sistemático para medir los daños y establecer estrategias de prevención. Cada sitio debe evaluarse individualmente, ya que las estructuras y artefactos que puedan surgir de las áreas dañadas pueden constituir el único registro histórico del pasado.