En 1961, un ordenador principal IBM 7090 del Harvard-Smithsonian Observatory procesó las coordenadas de las piedras de Stonehenge, sus claraboyas y los 56 pozos de Aubrey, reconstruyendo el cielo nocturno de miles de años atrás. Gerald Hawkins encontró coincidencias significativas entre los datos generados por la máquina y los puntos de salida y puesta del Sol y la Luna, y sostuvo que el número de pozos, 56, era compatible con ciclos lunares específicos; esto transformó el monumento en un 'computador físico' donde los indicadores se movían para predecir las fases lunares.