Herramientas basadas en inteligencia artificial como Mythos han aumentado la cantidad de vulnerabilidades descubiertas, pero la debilidad fundamental de los programas de seguridad no radica en esta velocidad de detección, sino en el proceso de reparación. Las organizaciones luchan con largas cadenas de aprobación entre equipos diferentes y ventanas de cambio para implementar correcciones tras detectar una vulnerabilidad. Estos procesos son completamente incompatibles con la velocidad de propagación de los ataques, que ocurre en minutos.

La duración promedio de reparación para vulnerabilidades descubiertas en 2025 es de 55 días, y casi la mitad permanecen sin corregir durante todo un año. En particular, para infraestructuras críticas, sistemas antiguos y riesgos basados en identidad, ni siquiera existe la posibilidad de aplicar parches. En este contexto, los equipos de seguridad deben comprender no solo qué vulnerabilidad priorizar, sino también cuál crea una ruta de acceso a activos críticos.

El éxito en seguridad ya no se mide solo por la cobertura de parches, sino por el tiempo que los activos críticos permanecen expuestos a los ataques. Mediante el análisis de rutas de ataque, centrarse únicamente en las vías que realmente representan una amenaza permite gestionar la carga de reparación y reducir el tiempo de exposición.