Los sistemas de inteligencia artificial pueden reconocer emociones analizando expresiones faciales, voces, lenguaje corporal y otras señales fisiológicas. Sin embargo, la validez científica de estos sistemas sigue siendo objeto de debate. Un candidato a filosofía y ciencia llamado Prégent preguntó cómo podría afectar esta tecnología a las interacciones humanas.

Por ejemplo, un sistema que pueda leer las emociones de un cirujano podría impedir que el cirujano realice una operación. Sin embargo, el cirujano podría alegar que, a pesar de sus problemas personales, puede desempeñar su labor profesional. En tal caso, la tecnología podría revelar la vida privada del cirujano.

Prégent considera que esta tecnología podría cambiar las relaciones humanas y eliminar el derecho de las personas a ocultar sus emociones. Además, afirma que la tecnología también podría influir en la vida pública y modificar la forma en que las personas se comportan entre sí.