El ataque de ransomware contra Colonial Pipeline en 2021 demostró cómo una cuenta VPN pasiva sin autenticación multifactor (MFA) pudo desencadenar una crisis en la infraestructura nacional. Cinco años después, este caso sigue siendo relevante: actores respaldados por estados, especialmente grupos como Volt Typhoon, utilizan herramientas legales e identidades robadas para establecer acceso prolongado en redes de infraestructura crítica. Estos ataques no solo buscan robar datos, sino también tener el potencial de interrumpir infraestructuras durante futuras crisis políticas.
El modelo de confianza cero se basa no solo en la identidad del usuario, sino también en el estado del dispositivo, sus actualizaciones y configuraciones de seguridad. Las organizaciones de infraestructura crítica pueden bloquear el acceso incluso si las contraseñas son robadas, verificando la confiabilidad de los dispositivos utilizados por los empleados. Este enfoque crea una capa de seguridad crítica, especialmente para trabajadores remotos que utilizan dispositivos personales no gestionados.
CISA y otras instituciones enfatizan la importancia de fortalecer el control de identidad y acceso en sistemas de tecnología operativa (OT) e IT. La autenticación basada en dispositivos, el acceso resistente al phishing y el monitoreo continuo de la salud del dispositivo permiten garantizar la seguridad no solo mediante contraseñas, sino también a través de los dispositivos físicos. Estos pasos constituyen un punto de partida fundamental para aumentar la resistencia de las infraestructuras frente a amenazas cibernéticas.
