A pesar de ser una ciudad costera con más de 300.000 habitantes, Corpus Christi se enfrenta a una situación de agotamiento rápido de sus fuentes de agua. La construcción en 2022 de una planta química de plástico que consume diariamente una cantidad de agua equivalente a la de todos los residentes de la ciudad ha llevado la demanda a un nivel crítico. Esto, combinado con la sequía prolongada causada por el cambio climático y el retraso en la construcción de una planta de desalinización desde 2017, ha empeorado la situación.
Los embalses de la ciudad solo pueden cubrir las necesidades de un año en este momento. Aunque las lluvias en 2026 ayudaron a posponer la crisis hasta septiembre de 2027, los niveles de agua siguen siendo muy bajos. Se están desarrollando alternativas como la extracción de agua subterránea y la reutilización de aguas residuales industriales, pero estas también son sensibles a las condiciones de sequía.
Los funcionarios de la ciudad están considerando medidas de emergencia, como limitar el suministro de agua a ciertas horas del día. Sin embargo, estas medidas podrían obligar a cerrar las instalaciones industriales de la ciudad, lo que tendría graves consecuencias económicas. La gestión sostenible de los recursos hídricos ya no es solo un problema ambiental, sino también una cuestión de supervivencia social y económica.
