Se determinó, a través de experimentos realizados en una cámara anecoica ultra silenciosa por un equipo de biólogos e ingenieros, que las larvas de la polilla de tabaco (Manduca sexta) perciben los sonidos transmitidos por el aire a pesar de no poseer orejas. Las larvas reaccionaron incluso a sonidos por debajo del umbral de respuesta a vibraciones directas, lo que demostró que detectan la velocidad de las partículas de aire en lugar de la presión sonora.