Recordar el pasado puede ayudar a los seres vivos a tomar mejores decisiones, pero la memoria tiene un costo. Los investigadores han demostrado que la disponibilidad de recursos determina cuánto confiará un ser vivo en su memoria. Este estudio creó un modelo simplificado para simular las estrategias de predicción que utilizan los seres vivos al procesar cambios en su entorno. El modelo muestra que, debido a que mantener la memoria tiene un costo, se establece un equilibrio entre la precisión y el uso de recursos.

Los investigadores encontraron que, cuando los recursos son limitados, la mejor estrategia es ignorar la memoria y responder solo a la información actual. Sin embargo, cuando hay suficientes recursos disponibles, el uso de la memoria se vuelve repentinamente más beneficioso. La memoria es más útil cuando la información sensorial tiene un nivel intermedio de incertidumbre.

Si la información del entorno es muy clara, la memoria no aporta beneficios adicionales. De manera similar, si la información es muy ruidosa e poco confiable, almacenar memoria no es muy útil. Sin embargo, entre estos extremos, recordar el pasado puede mejorar significativamente el rendimiento.