El dióxido de titanio es, normalmente, un material no ferroeléctrico. Sin embargo, los investigadores descubrieron que este material adquiere propiedades ferroeléctricas al reducirse a 3 nanómetros.
Esta transformación está relacionada con un cambio en la estructura interna del material. Al examinar películas de dióxido de titanio, sus estructuras cristalinas se deterioran progresivamente, rompiendo la simetría y generando una polarización eléctrica.
La propiedad ferroeléctrica persiste hasta 1 nanómetro. Esto es importante para memorias y lógica de alta eficiencia energética.
