El lago Aral, que ha estado perdiendo agua desde la década de 1960, se ha convertido en la mayor superficie seca de lago del mundo. En esta región, la cantidad de dióxido de carbono liberada por la descomposición de materia orgánica alcanzó 204 megatoneladas hasta el año 2022. Esta emisión se intensifica especialmente cuando el viento levanta partículas de lodo del lecho del lago.

Los científicos señalan que hay una recuperación parcial en la parte norte del lago, gracias a las políticas de gestión del agua de Kazajistán. Una rehidratación completa podría prevenir la liberación de 165 megatoneladas de carbono a la atmósfera. Esta situación podría generar nuevas oportunidades no solo ecológicas, sino también en términos de financiación climática.

El lago Aral no es el único; otros lagos en sequía, como el Gran Lago Salado, el lago Urmia y el Mar Caspio, también presentan riesgos similares de emisión de carbono. Los investigadores enfatizan que la protección de estas áreas podría desempeñar un papel estratégico en la lucha contra el cambio climático.