Investigadores estadounidenses, en un estudio publicado en la revista Neron, examinaron la zona Ventral Tegmental Area (VTA) de ratas y demostraron que el estrés en la primera infancia puede dejar un cambio permanente en las células cerebrales. El equipo de investigación encontró que el estrés aplicado a ratas jóvenes alteró el estado de empaquetamiento del ADN en las neuronas de la VTA. Este hallazgo ofrece un mecanismo biológico de cómo el trauma temprano podría estar vinculado a riesgos de salud mental a largo plazo.

En ratas expuestas al estrés, la cantidad de la enzima SETD7 aumenta, y este incremento eleva el número de etiquetas químicas H3K4me1. Estas etiquetas preparan el ADN para una mayor exposición, facilitando la activación génica futura de las neuronas que producen dopamina. En experimentos adicionales, la sobreexpresión artificial de SETD7 redujo la tolerancia al estrés y provocó más conductas ansiosas, mientras que la inhibición de la enzima hizo a las ratas bajo estrés más resilientes.

Los investigadores continúan verificando si estos resultados son aplicables en humanos; dadas las similitudes biológicas entre ratas y personas, parece plausible que ocurra un proceso similar. Estudios futuros examinarán si experiencias positivas (socialización, buena alimentación) tienen un efecto protector en el mismo grupo de neuronas.