Henry Ford resumió su filosofía de gestión en 1922 con el énfasis en que "ningún método es sagrado; si no funciona, debe desecharse".

Tras el fracaso de sus dos primeros emprendimientos, la Detroit Automobile Company y la Henry Ford Company, transformó radicalmente la industria automotriz con el Modelo T y la línea de montaje móvil.

En este proceso, también supo abandonar proyectos con diseños defectuosos, como el motor X-8.