En los últimos años, el brillo y el tono blanco de los faros de los autos han aumentado, dificultando la conducción nocturna. Este desarrollo no puede explicarse solo por el aumento del uso de luces altas por parte de los conductores.

Los faros modernos de los autos están equipados con tecnologías que producen luz más brillante y blanca. Estas tecnologías, aunque proporcionan una mejor visión, pueden molestar a los conductores de los vehículos que vienen en sentido contrario. En particular, los faros LED y láser, que producen luz más brillante que los faros halógenos tradicionales, agravan este problema.

Los orígenes de esta carrera de brillo se remontan a los primeros años de los automóviles. A finales del siglo XIX, las lámparas de petróleo utilizadas como faros de los autos no eran lo suficientemente brillantes, lo que a menudo causaba accidentes durante la conducción nocturna. A principios del siglo XX, las lámparas de acetileno intentaron resolver este problema produciendo luz más brillante, pero estas lámparas también presentaban un riesgo de explosión.