Investigadores de Cornell University, bajo la dirección de Louis Derry, publicaron en la revista Nature un estudio que mostró que la aplicación de basalto finamente molido en tierras agrícolas produce un potencial de extracción de dióxido de carbono de la atmósfera muy por debajo de las expectativas.
Los datos observados en suelos volcánicos naturales revelaron que, tras la incorporación del basalto al suelo, el movimiento limitado del agua y las reacciones químicas que ocurren dentro de la zona crítica impiden que la mayor parte de la alcalinidad generada llegue a ríos y océanos; los valores anuales promedio de 0,22‑1 toneladas de CO₂/ha están muy por debajo de las predicciones de los modelos.
Los investigadores también destacaron la débil relación entre el tamaño de las partículas y la velocidad de reacción, y la escasez de agua en regiones agrícolas secas, concluyendo que la reducción de carbono a escala global de varios gigatoneladas no es realista.
