El equipo MARUM‑Marine Environmental Sciences de la Universidad de Bremen, bajo la dirección de Emma Bavoux, recolectó muestras de agua a lo largo del 48° de latitud norte del Atlántico Norte en 2017 y 2018 a bordo del buque de investigación MARIA S. MERIAN, y publicó sus hallazgos en 2026 en la revista Geophysical Research Letters.

Las mediciones mostraron que la firma isotópica del carbono emitido a la atmósfera por la combustión de combustibles fósiles (relación C‑13/C‑12) se ha extendido desde la superficie del mar hasta las masas de agua profunda; en las masas de agua jóvenes se detectó un efecto Suess de aproximadamente 0,3‑0,6 por mil. Además, se identificaron rastros de hexafluoruro de azufre (SF₆) derivados de actividades humanas a las mismas profundidades.

En las masas de agua profunda y antigua este efecto es muy débil o indetectable, mientras que una gran corriente oceánica en el Mar de Labrador transporta una señal clara hasta 2.000 metros de profundidad. Los investigadores destacan que estas huellas también se registran en las conchas de microfósiles y que el lecho oceánico podría conservar la influencia humana como un archivo geológico; esta situación genera incertidumbre en la delimitación del límite del Antroposen, dependiente de futuras emisiones de CO₂.