En 1922, en un hotel de Tokio, Albert Einstein, al enterarse de que ganaría el Premio Nobel, no tenía dinero en efectivo y dejó una nota escrita en alemán a un camarero.

En la nota figuraba la frase: "Una vida tranquila y modesta aporta más felicidad que perseguir el éxito unido a una inquietud constante".

Casi un siglo después, esa nota se vendió en Jerusalén por 1,3 millones de dólares.