En un nuevo estudio se demostró que las larvas del escarabajo terrestre europeo (Meloe proscarabaeus) producen químicos que imitan el olor de las flores para atraer a las abejas. Este engaño químico permite que las larvas se posen sobre las abejas y las transporten a sus nidos, donde consumen sus huevos y polen.
Los análisis químicos revelaron que las larvas secretan compuestos volátiles denominados monoterpenoides de flores, los cuales constituyen el aroma de muchas flores. La mezcla sintetizada en laboratorio atrajo a las especies de abejas observadas en el campo, respaldando la hipótesis. Los investigadores aún no han identificado a qué flor corresponde exactamente este olor, aunque se cree que se asemeja al de la flor de sauce.
Los científicos señalan que estrategias de imitación química similares podrían existir en otros insectos y que su detección puede ser tan difícil como la del mimetismo visual. En Norteamérica se conoce una especie estrechamente relacionada que imita los feromonas de abejas hembras, lo que sugiere que la evolución del engaño químico podría ser más frecuente. Las investigaciones futuras buscarán revelar los efectos de este mecanismo en los ecosistemas y su posible extensión.
