Dos nuevos estudios respaldados por la NASA sostienen que la heliosfera, la burbuja protectora del Sol, se contrajo varias veces más allá de la órbita de la Tierra en el pasado. Las simulaciones indican que esta compresión ocurrió hace 2‑3, 6‑7 y 13‑14 millones de años.

Durante esos eventos, densas nubes interestelares habrían comprimido la heliosfera, poniendo a la Tierra en contacto directo con polvo galáctico e hidrógeno. En muestras geológicas se han detectado rastros de polvo interestelar correspondientes a esos mismos periodos. Un experimento de laboratorio separado mostró que las superllamas del Sol joven habrían generado óxido nitroso, un potente gas de efecto invernadero, capaz de mantener la Tierra temprana alrededor de 5 °C.

Sin embargo, la magnitud total de esos efectos sobre el clima sigue siendo incierta; no se ha determinado cuánto tiempo permanece el óxido nitroso en la atmósfera ni cuánto contribuyó a los cambios de temperatura. Modelos de gemelos digitales más detallados y registros geoquímicos a largo plazo seguirán poniendo a prueba estas hipótesis.