En un estudio realizado por Yale University, se determinó que la distribución de más de 500 especies de aves en Norteamérica está limitada por eventos climáticos extremos. La investigación mostró que, particularmente en las Grandes Llanuras y en la región suroeste de EE. UU., la distribución de las especies y el número total de especies se sobreestimaron significativamente cuando no se consideraron condiciones climáticas variables y extremas.

En la investigación, se combinaron datos ambientales satelitales y de superficie con observaciones del banco de datos de ciencia ciudadana eBird para crear modelos de distribución de especies. Estos modelos permitieron determinar por qué cada especie aparece en determinadas áreas y dónde podría presentarse.

Posteriormente, los investigadores compararon estos nuevos modelos con los modelos existentes que no incluyen ninguna variabilidad ambiental y con los que incorporan variabilidad climática estacional. Se encontró que los modelos que incluyen eventos extremos de temperatura y sequía son más precisos y que los rangos de hábitat de las especies individuales son mucho más reducidos en comparación con los modelos que no consideran condiciones climáticas variables o extremas.