Hasta el 21 de agosto de 2026 se registraron 26 terremotos de magnitud 6,5 o superior; esta cifra es un poco menor que el promedio anual de 46 terremotos de los últimos 40 años. Los grandes terremotos suelen ocurrir cada ocho días y la mayoría se sitúan lejos de áreas de alta densidad poblacional.
Las redes globales de monitoreo sísmico y las nuevas tecnologías de medición han hecho que la detección y localización de terremotos sea más precisa, pero eso no implica un aumento en el número de sismos. En los últimos tiempos, los terremotos que han recibido amplia cobertura mediática, especialmente por sus efectos en zonas pobladas, elevan la percepción; este fenómeno se explica mediante sesgos cognitivos como la ilusión de peso y frecuencia del pasado reciente.
Los datos indican que el número de terremotos destructivos se ha mantenido constante a largo plazo; por lo tanto, la sensación de aumento es engañosa. Sin embargo, estar preparado sigue siendo crucial para quienes viven en zonas de alto riesgo sísmico; el diseño de estructuras resistentes y la concienciación social pueden reducir el impacto de posibles desastres.
