En las costas de Brasil y Uruguay, una red de más de 100 lagos poco profundos que se extienden a lo largo de más de 1.000 kilómetros de la costa atlántica tiene el potencial de convertirse en estaciones de observación naturales para monitorear el cambio climático y los impactos humanos. Un equipo de investigación internacional destacó que estos lagos subtropicales ofrecen una oportunidad única para comprender la dinámica de los ecosistemas.
La amplitud y diversidad de los lagos permite la combinación de métodos como la ecología de microorganismos, el ADN ambiental, la teledetección y la química del agua para monitorear la biodiversidad, la calidad del agua, la contaminación y la resistencia de los ecosistemas. Los investigadores buscan desarrollar indicadores que puedan detectar el estrés del ecosistema antes de que se produzcan daños irreversibles.
La región ya enfrenta amenazas como los efectos de El Niño, la urbanización intensa, el aumento de nutrientes, los residuos de medicamentos y los microplásticos. Estos desafíos requieren la creación de una red de monitoreo internacional a largo plazo y la selección de cuatro grandes regiones lagunares como puntos de observación representativos. El estudio subraya que la protección y el estudio de este sistema aportarán conocimientos a la gestión global de los recursos hídricos y a la conservación de la biodiversidad.
