La decisión de la Unión Europea de prohibir la venta de automóviles nuevos de gasolina y diésel a partir de 2035 sigue atrapada en la fase de votación. El objetivo de reducción de emisiones del 100% aprobado en 2023 fue reducido al 90% en 2025, abriendo la puerta a motores de combustión; sin embargo, la votación formal de la Comisión Europea prevista para el 5 de octubre se ha postergado al 23 de noviembre. La razón del retraso es que los países miembros no han logrado ponerse de acuerdo sobre la flexibilidad de emisiones.