Una investigación financiada por la NASA pronostica que la demanda global de combustible para aviones de reacción aumentará de 100 mil millones de galones a 165 mil millones de galones para 2050. Este aumento impulsa la prioridad de reducir la dependencia de las importaciones de crudo y desarrollar combustibles alternativos producidos localmente. La solución más avanzada, el SAF, puede mezclarse hasta un 50% con los combustibles convencionales en aeronaves e infraestructura actuales, pero actualmente representa solo el 1% del uso global.
El hidrógeno líquido es un candidato importante para aeronaves regionales debido a su alta eficiencia energética por peso y emisiones de carbono cero. Sin embargo, su uso requiere cambios fundamentales en el diseño de aeronaves, nuevos sistemas de abastecimiento de combustible y estándares internacionales. La Administración Federal de Aviación de EE.UU. está preparando aeropuertos para futuras operaciones con hidrógeno.
Otros combustibles criogénicos, como el GNL y el etano líquido, también se investigan. El GNL ofrece ventajas de costo gracias a las abundantes reservas de gas natural en EE.UU., mientras que combustibles experimentales en etapas tempranas, como Jet X, destacan por su potencial para mejorar la eficiencia del combustible y reducir la concentración de emisiones.
