Durante la pasada primavera y verano, un grupo de científicos automatizó la orientación de un telescopio en un observatorio de 4 metros utilizando una herramienta de inteligencia artificial. Este sistema se probó en un observatorio que opera bajo cielos oscuros en Sudamérica.

La inteligencia artificial, mediante un modelo de aprendizaje profundo entrenado con datos de observaciones previas, monitoreó en tiempo real la luz de la luna, las condiciones atmosféricas y el clima para generar el plan de observación más eficiente. En las primeras pruebas, el rendimiento del sistema fue similar al de los observadores humanos.

Actualmente, el sistema alcanza un nivel de eficiencia comparable al humano, pero en la próxima fase se busca que tome decisiones superiores. Esta automatización podría reducir el tiempo que los astrónomos dedican a la recolección de datos, permitiéndoles enfocarse más en descubrimientos científicos. Sin embargo, para que la IA demuestre un rendimiento superior, se requieren más pruebas e integraciones.