Los científicos, a partir de fósiles de la región interior de Mongolia del período Jurásico medio, recrearon los sonidos de los grillos modernos y de parientes de los ruiseñores. El estudio se publicó en 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Los investigadores examinaron 20 alas fosilizadas de nueve especies, midieron la escala microscópica de las espinas similares a dientes en las alas y combinaron esos datos con las propiedades acústicas de insectos modernos para desarrollar modelos computacionales. Un algoritmo de aprendizaje automático estimó las frecuencias de vibración de esas estructuras, revelando que algunas especies producían llamadas ultrasónicas de aproximadamente 5 kHz, mientras que una especie generaba llamadas por encima de 20 kHz.

Estos hallazgos indican que la comunicación ultrasónica evolucionó mucho antes de la aparición de los murciélagos; los sentidos auditivos de los primeros mamíferos y otros depredadores podrían haber orientado a los insectos hacia sonidos de alta frecuencia. Sin embargo, la muestra limitada de fósiles y el carácter hipotético de las estimaciones de sonido señalan que se necesita más datos para validar los resultados.