Las hormigas Temnothorax nylanderi son controladas por un gusano cestodo llamado Anomotaenia brevis, que se transmite a través de las heces de los pájaros carpintero. Las hormigas infectadas cambian su color corporal, que normalmente es marrón oscuro, a un amarillo pálido, reducen su tamaño y segregan sustancias químicas similares a las feromonas de la reina, haciendo que otras hormigas les sirvan. Estas hormigas permanecen dentro del nido sin realizar tareas como alimentación, limpieza o transporte, y su esperanza de vida se vuelve diez veces más larga que la de las hormigas no infectadas.
Los científicos compararon la expresión génica en el cerebro y los tejidos grasos de hormigas infectadas y no infectadas. Descubrieron que el perfil de activación génica en los tejidos grasos de las hormigas infectadas se asemeja mucho al de las hormigas reinas. Esto puede explicarse por cambios en el metabolismo, el sistema inmunológico y los procesos de envejecimiento. Sin embargo, la supresión de moléculas de señalización en sus cerebros les impide realizar comportamientos de trabajo.
Curiosamente, no se apoya la hipótesis de que las proteínas del parásito interfieran directamente con el cerebro. En cambio, el parásito utiliza las propias redes reguladoras del huésped para generar cambios fisiológicos y conductuales. Este mecanismo hace que las hormigas se vuelvan longevas y pasivas, facilitando que sean consumidas por el pájaro carpintero, que es el objetivo final del parásito.
