Las células T pueden hacer algo que los científicos no conocían antes: sentir físicamente los tejidos que las rodean. Esta capacidad podría conducir a tratamientos desarrollados para enfermedades autoinmunes y cáncer.
El estudio demostró que las células T pueden detectar la elasticidad de los tejidos circundantes y utilizar esa información física para desarrollar una memoria inmunológica a largo plazo.
Los científicos sostuvieron que este descubrimiento muestra que el entorno físico, que moldea el comportamiento de las células inmunitarias, es una fuerza activa.
