Los antiguos habitantes de Sri Lanka, alrededor del año 500 a.C., fabricaron el acero Wootz, más duro y afilado que otros aceros. Este acero fue utilizado por expertos artesanos de espadas y se consideró una materia de lujo. Sin embargo, alrededor del año 1100 d.C., la producción del acero Wootz se detuvo repentinamente y el conocimiento de su fabricación se perdió.

El arqueólogo Gill Juleff descubrió el secreto de los hornos que utilizaban los antiguos habitantes de Sri Lanka. Estos hornos, al aprovechar los vientos monzones, podían alcanzar temperaturas que otros hornos no podían lograr.

Juleff construyó un horno del mismo tipo y repitió el experimento. El resultado mostró que el secreto del acero Wootz era el uso de hornos especiales que empleaban los vientos monzones.