La mañana del 16 de julio de 1945, en un punto remoto del desierto de Nuevo México, se llevó a cabo la prueba nuclear Trinity y una enorme bola de fuego se elevó al cielo mientras la onda de choque sacudía a los espectadores. La prueba pasó a la historia al demostrar que la explosión había sido exitosa.
Para determinar la cantidad de energía de la explosión (eficiencia), los científicos planearon medir tres indicadores básicos: radiación, ondas de choque y la temperatura de la bola de fuego. Para ello, a lo largo del desierto se equiparon dispositivos de observación electrónicos y mecánicos con tecnologías desarrolladas por primera vez, y los aparatos se colocaron a distancias tanto cercanas como seguras para recopilar datos suficientes.
La ubicación de los dispositivos requirió un delicado equilibrio, ya que solo se disponía de estimaciones aproximadas sobre la capacidad destructiva del Gadget; algunos instrumentos de medida se enterraron, mientras que otros transmitieron datos mediante líneas de comunicación. La red, construida bajo el principio de redundancia, mostró un rendimiento variable después de la prueba, pero dejó un registro visual y numérico exhaustivo de la explosión.
