En 1856, William Henry Perkin, estudiante de 18 años en el Royal College of Chemistry y alumno de August Wilhelm Hofmann, intentó sintetizar un tratamiento para la malaria utilizando anilina extraída de cenizas. Al obtener un residuo oscuro que consideró inútil, lo procesó con alcohol y descubrió que producía un color intenso y duradero de tono morado en telas de seda.

Este descubrimiento representó la primera colorante sintética que podía reemplazar a los costosos tintes naturales extraídos de mariscos como el tir mor, obtenidos de la naturaleza y muy caros en aquel momento.