Las crecientes demandas de potencia y eficiencia de los sistemas de inteligencia artificial están complicando aún más los miles de pasos precisos involucrados en la fabricación de chips. Pequeñas desviaciones de temperatura o químicas pueden causar defectos de producción y aumentos de costos. Por ello, materiales avanzados como polímeros, elastómeros y líquidos especiales mejoran la eficiencia de producción al ofrecer mayor pureza, resistencia química y estabilidad térmica.

Las cargas de cálculo cada vez más intensas en los centros de datos generan nuevos desafíos en sistemas subyacentes como refrigeración, gestión de energía y transmisión de datos. Las tecnologías de refrigeración compartidas con los vehículos eléctricos se están adaptando a servidores de IA mediante sistemas de refrigeración líquida, aumentando la eficiencia. Este intercambio de conocimientos entre industrias mejora simultáneamente la confiabilidad y el rendimiento.

La inteligencia artificial está acelerando los procesos de desarrollo de materiales. Herramientas como Microsoft Discovery ayudan a evaluar previamente candidatos moleculares, haciendo que los experimentos de laboratorio sean más eficientes. Sin embargo, la experiencia científica y los procesos de prueba no son reemplazados; la inteligencia artificial permite a los investigadores centrarse en problemas más críticos.