Un equipo de investigación de la University of Cincinnati definió un nuevo objetivo molecular con el fin de impedir la transmisión de la enfermedad de Chagas. El estudio fue dirigido por la asistente profesora Noelia Lander y se publicó en 2026 en la revista PLOS Pathogens.

Los investigadores demostraron que el parásito Trypanosoma cruzi utiliza reservorios de señal cAMP separados para la respuesta al estrés y la evasión inmunológica durante el cambio de hospedador. Perturbar esta división de señales podría interrumpir el ciclo de vida del parásito; una estrategia similar se aplica en el tratamiento de la malaria contra Plasmodium.

El hallazgo aún se encuentra en fase de laboratorio y no se ha demostrado su efectividad en humanos; se requieren estudios adicionales para evaluar su seguridad y viabilidad. La capacidad del parásito para resistir condiciones adversas como altas temperaturas, acidez y escasez de nutrientes complica el desarrollo de tratamientos.