Un equipo liderado por Yiwen Chu en el Instituto de Tecnología de Zúrich almacenó información cuántica en vibraciones microscópicas sobre un chip del tamaño de una uña, conectado a un procesador cuántico. Estas vibraciones transportan información mediante paquetes de energía llamados fonones y operan a frecuencias extremadamente altas, inaudibles para el oído humano.
En los sistemas cuánticos tradicionales, el procesamiento y la memoria están integrados en el mismo hardware. Sin embargo, este diseño imita la separación entre CPU y RAM de las computadoras clásicas: los qubits superconductores realizan los cálculos, mientras que los resonadores mecánicos almacenan los datos durante períodos prolongados. Esta estructura reduce el tamaño de las unidades de memoria y permite acceder simultáneamente a múltiples posiciones de datos.
En el experimento, se implementaron con éxito algoritmos cuánticos fundamentales como la transformada cuántica de Fourier y la búsqueda de periodos. El sistema logró transferir estados cuánticos entre memoria y procesador sin destruirlos, demostrando que las operaciones esenciales para la computación cuántica pueden realizarse mediante vibraciones mecánicas.
