Catherine Hobaiter, primatóloga de la Universidad de St Andrews, y Nathaniel Jay Dominy, antropólogo del Dartmouth College, presentaron la hipótesis de que las condiciones creadas por los fuegos vespertinos podrían haber dirigido la evolución del lenguaje humano, en un artículo publicado en la revista Royal Society B: Biological Sciences.
Los investigadores proponen que la luz del fuego prolongó el tiempo de socialización y que la luz de longitud de onda larga (660-1000 nm), que afecta el metabolismo cerebral, pudo haber incrementado la producción de ATP, apoyando así las funciones cognitivas.
