Las mandíbulas de algunos gusanos marinos, como Perinereis cultrifera, poseen una estructura reforzada no solo por proteínas orgánicas, sino también por iones metálicos. Al analizar estas mandíbulas mediante pruebas de nanoindentación, se observó que los iones metálicos están más concentrados en las regiones extremas, lo que aumenta su dureza, indicando que están optimizadas para morder y triturar presas.
Los investigadores descubrieron que las mandíbulas se vuelven más duras a escalas pequeñas, un comportamiento similar al efecto de tamaño Nix-Gao observado en metales tradicionales como el cobre o la plata. Sin embargo, estas mandíbulas de gusano muestran una elasticidad dependiente del tamaño que no se encuentra en los metales cristalinos tradicionales: su flexibilidad varía según la escala de medición.
Estos hallazgos contribuyen a la definición de una nueva clase de materiales denominada bio-metales. Los científicos planean investigar cómo se pueden modificar genéticamente estas estructuras naturales y cómo estos procesos pueden inspirar el desarrollo de nuevos materiales artificiales.
