Investigadores del Van Andel Institute informaron que la bacteria Legionella, a través de una proteína llamada RomA, imita las proteínas de la célula huésped para alterar la regulación genética y convierte a los macrófagos en refugios seguros para la proliferación bacteriana. El estudio se publicó en 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

RomA detecta y responde a las marcas epigenéticas presentes en la célula huésped, modificando la estructura de la cromatina de manera que favorezca al bacteria; sin embargo, esas mismas marcas también limitan la magnitud de la intervención de RomA. A pesar de que las bacterias carecen de núcleo y de un sistema de cromatina, resultó inesperado que RomA pudiera operar dentro del marco de la célula huésped.

Este diálogo molecular bidireccional muestra que el entorno epigenético del huésped restringe el espacio de acción de los invasores intracelulares y sugiere que patógenos intracelulares como Mycobacterium tuberculosis podrían emplear mecanismos similares. Los investigadores planean explorar interacciones epigenéticas semejantes entre los aproximadamente 370 efectores proteicos de Legionella.