Las células epiteliales son pequeñas barreras que protegen nuestro cuerpo. En un embrión en desarrollo, las células epiteliales crecen, se dividen y se colocan en posición para formar la piel, los órganos y las capas externas de los vasos sanguíneos. Cuando nos cortamos, sufrimos una lesión interna o nos sometemos a una cirugía, las células epiteliales migran hacia el lugar dañado y facilitan la curación de la herida.

Cuando las células epiteliales pierden el control, pueden volverse malignas e invadir el cuerpo, causando cáncer. Ingenieros del MIT descubrieron que las células epiteliales pueden latir de manera sincronizada mientras migran.

En el estudio, se midió el latido colectivo y rítmico de diferentes tipos de células epiteliales, incluyendo células saludables, células de tumores benignos y células de cáncer. Se descubrió que las células epiteliales malignas pueden mantener su latido durante el doble de tiempo que las células saludables.